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15 de septiembre de 2014

Clara templando nervios

Acabo de vivir una de las situaciones más tensas y agobiantes de mi vida en un probador de una conocida casa de novias. El momento incluía una novia al borde del colapso, dos amigas intentando tranquilizarla, una dependienta con la paciencia a prueba de bomba y un vestido que no puede ser más bonito pero que se resistía a colocarse en su sitio ...

Con esos detalles ya os imagináis que una de mis mejores amigas se casa; y que lleva pidiendo un post desde que su futuro marido hincó una rodilla anillo en mano y convirtió todos sus sueños en realidad. Y a mi, pues me pilló desprevenida que queréis que os diga. No el hecho de que se casara, eso no. Para eso estaba preparada antes incluso que ella misma. Lo que me pilló desprevenida es que 4 años después de casarme yo y algunas otras novias aledañas con las que disfruté muchísimo los preparativos, volviera a ilusionarme un evento de estas características. Yo pensé que la época de la emoción por las bodas había pasado para mi y que ahora tocaba emocionarse con otras etapas de la vida. Pero un día suena el teléfono a la 1 de la mañana, te dicen "me caso" y de pronto tu vida se pone patas arriba para contar los días y las horas hasta la fecha, mirar catálogos de vestidos, visitar casas de novias, opinar en pruebas de peluquería y maquillaje y aporrear el teclado porque ya no te salen ni las palabras de lo genial que es ver feliz a alguien a quien quieres tanto.


Me temo que hoy tanta emoción contenida en un probador tan chiquito nos ha desbordado a todas y la novia se ha llevado la peor parte. Y aquí estoy yo, que me he venido dando un largo paseo para pensar en estrategias para tranquilizar nervios si queremos llegar al sábado, me he sentado en el ordenador sin ni siquiera quitarme los zapatos y me he servido un café a ver si me inspiro, aunque en realidad lo que necesito es un copazo, para que nos vamos a engañar ...

Me gustaría sentarla y abrazarla muy fuerte y decirle que todo va a salir bien. Que lo importante del día no es que llueva ni que haga sol, sino que toda la gente que quiere esté acompañándola. Que da igual que el vestido tenga una arruga o el bajo arrastre, porque cuando entre del brazo de su padre no se va a acordar ni de como se llama. Que la música o las flores no importan, porque va a mirar a los ojos de su ya marido y al ver su brillo reflejado en ellos no le van a hacer falta más colores. Que con los años le va a dar exactamente igual lo malo de ese día, porque va a tener mil mañanas en las que se despertará con su persona favorita del mundo, y cuando él no esté, se acostará en su lado de la cama y con cuidado buscará su olor en la almohada para que no le duela tanto echarlo de menos ... 

Pero claro, son cosas que se ven desde el otro lado y con la tranquilidad de haber pasado los nervios y la emoción del que se supone que es uno de los días más bonitos de tu vida. Y cómo le digo yo, que lo bonito ya lo está viviendo ahora ... No me va a hacer caso... 

Así que la he mandado a darse un buen baño de agua caliente con un chute de valeriana, a respirar hondo y a intentar controlar su mente para no llegar al sábado desencajada. Mientras, Clara va a intentar inspirar el discurso que tiene que leer en su boda, porque si la novia se entera que a 5 días aún no ha escrito ni una línea, igual acabamos en la Lopez Ibor antes de lo previsto ...

(Te quiero mucho amiga. Estás tan guapa de novia que deberías casarte otra vez el año que viene, y al otro y al otro ...)


Clara Como La Vida Misma










11 de noviembre de 2010

Desde el otro lado

Mi cuerpo va con retraso. Exactamente dos horas delayed. Y es que la hiperactividad que experimento en estas últimas semanas me está afectando el ritmo vital. Estoy haciendo terapia de sillón mientras mi marido prepara el regalo de cuarto mesiversario. Ha decido que hoy toca menú nupcial y doy fe de que se lo está currando, porque lo he visto pasar con un montón de bolsas a la cocina (ahora mismo territorio comanche) y de lejos podía ver la bandejita de jamón y lomo, los langostinos y alguna delicatessen más. Se lo está currando tanto, que me están entrando ganas de plantarme mi traje de novia, por aquello de darle realismo a la cosa, pero me da a mi que no cuela.

Me voy del tema, yo os contaba lo del retraso. El caso es que yo me meto en la cama a la medianoche justita, y no es hasta un par de horas después cuando me vence el sueño. Por la mañana no quiero ni contaros como me despierto, con 5 horas de relax pal cuerpo ... No soy persona hasta las 9, la hora del desayuno reconstituyente, o sea, 2 horas después de que suene el despertador. Anoche, dando vueltas en la cama, pensaba: "Joder, ya podía tener el sueño de esta mañana y caer rendida, que me he levantado y casi le digo al del bar que el café, en vez de en la taza, me lo tirara a la cara a ver si me despejaba". Y lo peor es que este maldito ciclo se repite todos los días y me está agotando las neuronas.

Gracias a dios, y por el bien de mis alumnos, ellos tienen clase cuando mi reloj interno y el oficial están sincronizados. Habéis escuchado bien, mis alumnos. Porque sí señores, ya me estrené como profesora de pleno derecho en la Universidad y me paseo por los pasillos con mi botella de agua y mis notas de clase, saludo a aquellos que un día me enseñaron a mi, recojo llaves, abro aulas, enciendo proyectores, firmo partes de asistencia, y hago todas esas cosas que hacen los mayores.

Me hace mucha ilusión, y lo estoy disfrutando mucho. Es verdad que ahora lo veo con un poco más de perspectiva, y tengo que reconocer que los primeros días no fueron fáciles. Pero bueno, nadie nace sabiendo ¿no? y a base de practicar mucho, aprenderé. Porque es duro, muy duro, mucho más de lo que pensamos cuando somos alumnos, cuando no respetamos a quien tenemos delante y lo vemos como alguien que siempre estuvo ahí, que todo tiene que saberlo y que ni siente ni padece.

Ahora valoro mucho a todos los que se atrevieron a ponerse delante nuestra, una masa incontrolable de jóvenes recién horneados ávidos de aprender algunos, de pasar el tiempo otros. Admiro a los que se atrevieron a enseñarnos, y admiro mucho más a aquellos que lo consiguieron. Qué difícil es, no sabéis el mérito que tienen.

El otro día mandaba a callar a dos chicas. No sabía lo que desconcentraba un murmullo hasta que no lo he sufrido en mis propias carnes. Intentaba recordar todo el temario sin mirar la chuleta, decirlo de manera que se entendiera, relacionar conceptos, hablar claro, no olvidarme pasar la diapositiva y controlar al resto de la clase. Ahm, y no olvidarme de respirar y esas cosas básicas de la vida. Y cuando era la tercera vez que les ordenaba silencio, me fijé dónde estaban sentadas. Tercera fila empezando por delante, derecha, tercer y cuarto asiento. ¿Te suena amiga? El mismo sitio desde el que tú y yo, hace poco menos que una década nos contábamos nuestras vidas, el plan del fin de semana y disertaciones varias que creíamos cuestión de estado.

No saben que yo ya he pasado por allí, que no hace tanto tiempo era una de ellos, y que cuento con la ventaja de haber vivido en las mismas aulas, la misma gente, solo que en momentos diferentes. Me gusta dar clase. Me gustan los alumnos, y me gustaría poder enseñarles y aconsejarles bien. Lo que les depara esta profesión que han elegido, qué se van a encontrar por el camino. Aquello que realmente aprovecharán de verdad, lo que pueden guardar en un cajón. Dónde encontrarán los fracasos en su viaje y dónde tienen que buscar los éxitos. Pero se que no me harán caso, como nosotras no lo hicimos a quienes lo intentaron en su día. De todas maneras, espero poder seguir intentándolo mucho tiempo. Como diría mi compañera de clase: "Amiga, definitivamente te has pasado al otro lado". Lo hice, sí. Me encanta. Y que dure muchos años.

21 de septiembre de 2009

Resaca de boda

Ya está. Ya llegó el gran día. Y pasó. Ya se casaron. Más de año y medio hablando y planificando, y el día se nos fue volando, a los invitados y amigas de la novia, y a la susodicha también. Que impresión amiga, cuando llegué por la noche a mi casa, y estaba todo revuelto ...

Con el resacón del domingo, puedo deciros que fue espectacular. Una ceremonia preciosa, muy emotiva (darle un pañuelo al novio por favor), la música muy acertada, las palabras muy escogidas, y los novios guapísimos. El banquete increíble, y la barra libre digna de contar en persona.

Ahora a disfrutar de la luna de miel, va a ser un viaje muy especial. Y a la vuelta a estrenar tu vida de casada, la convivencia con tu marido. Toda la felicidad del mundo.

"
El amor es humilde sin límites, es comprensivo sin límites, y es la justicia sin límites. Es siempre tierno y dice la verdad. Ni estos versos son capaces de expresar lo que hoy sentimos. Qué difícil es hablar cuando tienen tantas cosas que decirse. Qué difícil es expresarse cuando la emoción te encoge el corazón. Os hemos acompañado en este largo camino, y llegados a este punto nos faltan las palabras. Queremos desearos toda la felicidad del mundo. Que la vida que para vosotros mañana comienza, esté llena de alegrías y sorpresas. Que los baches en el camino solo os hagan más fuertes. Que los sinsabores no ensombrezcan la ilusión. Que con el paso del tiempo el amor y la complicidad crezcan. La vida es mucho más fácil si la compartes con el amor de tu vida. Llegó el momento de vivir el uno para el otro, de ser felices sólo por y para vosotros. Despertaros juntos cada día y sentir que la mejor decisión de vuestra vida, fue uniros. Sólo os deseamos que todo este derroche de amor y felicidad que hoy se respira con vosotros sea un simple reflejo de lo que supondrá el resto de vuestra vida. Por último, nos gustaría dedicarle unas palabras especiales a la novia. Que siempre seas tan feliz como lo eres ahora, y podamos compartirlo juntas. No sabes lo que para nosotras significa verte ese brillo en los ojos. Ojalá lo mantengas siempre".

Enhorabuena chicos, que seáis muy felices. Os queremos.