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8 de noviembre de 2014

Clara itinerante

Esta mañana me he despertado y juro que no sabía dónde estaba. Pero no esto que te pasa que los primeros segundos del despertador abres el ojo y no te ubicas bien. No. He tenido que levantar la cabeza y mirar la mesilla para identificar en qué cama y en qué casa había dormido. Menos mal que no tengo que mirar para saber quién ronca a mi lado, ese, desde hace diez años, es perpetuo. 

Ahora es cuando pensáis, mira la petarda esta como presume de vida cosmopolita y bohemia, al estilo actriz de Jolibú que duerme en hoteles de cinco estrellas y despierta siempre en una ciudad diferente. Un mojón. Pero un mojón así de grande. Ni actriz ni cosmopolita ni hotel ni ná de ná. Que ahora tengo dos casas. No, no empecéis otra vez con la rica que se permite casa en la ciudad y en la playa, que os conozco. 

Tengo dos casas porque vuelvo a las aulas, y no me queda más remedio que hacerlo a 300 km de casa. Y como marido tiene trabajo y no se  puede mover, pues nos toca llevar la relación a distancia. Me dice "como cuando éramos novios cari, viéndonos los fines de semana". Si, pero ahora te toca hacer la cama y pasar la aspiradora antes de verme, no se te olvide. Y no lo llevo del todo mal, que conste. Después de casi cuatro años, volvemos a trabajar los dos a la vez, y entran dos sueldos en casa, los del banco nos van a llamar porque no se lo creen. Pensarán que estamos blanqueando dinero, que eso ahora se lleva mucho. Ayer fui a primark a comprar unas mantas para el sofá y cuándo pagué casi se me saltan las lágrimas de felicidad, hacía tanto tiempo que no compraba sin mirar el saldo de la tarjeta. Doce euros que me gasté, un derroche sin sentido.

Tener dos casas, además de comprar toda la cosmética doble, que eso mola un montón, va a suponer hacer muchos kilómetros para ver a mi nuevo novio, cómo se hace llamar ahora. Y despertar muchas veces sin saber dónde has dormido y mirar la mesilla para ubicarte. Y que te pasen cosas como la que me pasó hace unos días volviendo de una casa a otra. Me levanté temprano y ligera de equipaje me fui a la estación, en tren iba a hacer el primer tramo de mi viaje. 

Qué bien sienta madrugar, llegar al andén escuchando la radio, toda bohemia, toda cosmopolita y toda vintage con ese toque de romanticismo que tiene el viaje en ferrocarril, como en las películas antiguas. Me monté en el vagón y me senté en ventanilla. Qué lujo todo el habitáculo para mi sola y para otro señor que leía concentrado tres asientos más lejos. Me encanta el tren, voy a dejar que el paisaje adorne mi mañana e ilumine mis pensamientos, qué silencio, todo muy en color sepia ... bueno, voy a mirar el paisaje si soy capaz de subir la persianilla esta... joer, que no sube... a ver si bajándola hasta abajo luego retrocede sola ...no, así tampoco, ahora la he bajado más... tiene que haber un botón o una palanquita por aquí... no, esto es para mover el asiento... espera que voy a empujar para arriba... nada, esto no se mueve cagüen... y seguro que no hay un botón, que estos de Renfe son muy modernos... si lo hay no lo veo... joder, de todos los asientos me he tenido que sentar en el único con la persiana cerrada... pero si me cambio van a pensar que soy una cateta que nunca se ha montado en tren así que me quedo aquí... total, así mejor que no me da el sol, y el paisaje es el mismo que el de la autopista, que lo tengo ya muy visto...

Concentrada estaba leyendo con los pies subidos al asiento de enfrente cuando entra una pareja en el vagón y se sientan justo detrás de mi. Bueno, se sientan por decir algo, porque en realidad se tumbaron uno encima del otro. Que pasión mañanera por dios bendito. Son una pareja de canis, pero canis de manual y deben haberse conocido hace poco o el aire del sur es que es muy caliente, porque llevan metiéndose mano de manera escandalosa una hora. A él le ha parecido romántico poner en el móvil una marcha de semana santa sevillana mientras la empotra contra el cristal. Ahora que me fijo, estos tienen la persiana subida, ¿a dónde le habrán dado? ... Madre mía, no voy a mirar porque deben estar ya casi desnudos, pero por favor que bajen la música que no me oigo ni a mi misma ... Ahora le suena el móvil, el quillo, que quiere salir de farra esta noche, madredemivida, yo no sabía que se podía cometer tanta falta de ortografía hablando ... Ya, ya se callan ... va a volver a poner música ... no, ahora le ha puesto un vídeo de los morancos y se ríen tanto que ella le pide que lo quite porque se va a mear en las bragas... ¿cuánto quedará para llegar? ... y la puta persiana que sigue sin subir ... y los canis que no se callan ... y yo me cago en renfe y en los viajes entrañables y bohemios en tren ... venga, que solo nos quedan diez minutos ... se han tranquilizado... se ponen a hablar de la cárcel... si le hubiera conocido antes no podría haber ido a verlo porque no tenía no se qué permiso ...esto parece una canción de Joaquín Sabina... que tú a la pena le tienes que descontar seis meses por buen comportamiento y luego otros tantos por no se qué permiso... qué romántico todo ... y bueno, mejor que se hayan conocido en la calle, que así es más fácil y se lo pueden montar en el tren y no en un vis a vis ... 

Llegamos a la estación después de que aprendiera algunas cosas interesantes sobre el régimen carcelario, este tipo de información nunca sabes cuándo te va a resultar útil. Y me bajé del tren aliviada de poder hacer el siguiente tramo hasta casa en coche, que es menos bohemio, menos cosmopolita y menos vintage, pero sé cómo se sube y baja la ventanilla para ver el paisaje...

Clara Como La Vida Misma

25 de septiembre de 2014

Clara otoñeando

Dos semanas han pasado desde que evaluamos propósitos para el curso que empezaba y aún no os había traído los nuevos que os prometí en este post. Pero por medio se nos metió la historia de la novia nerviosa y su momento probador y se me fue el santo al cielo. Historia que por cierto se convirtió en apenas 24 horas en una de las más leídas y compartidas de la trayectoria del blog y gracias a la cual podemos dar la bienvenida a un puñado de seguidores nuevos. Gracias a la novia por dejarme compartir este momento que nos ha llevado a la gloria a las dos. Bueno, a la gloria igual no tanto, pero a mi me ha dado un empujoncito y a ella creo que le sirvió para relajar tensiones. Y si no lo hizo, ha tenido la educación de no denunciarme por intromisión a la intimidad.

A lo que iba, con todo el jaleo de la boda y de las mil historias en las que me he ido metiendo, se me había olvidado la lista de nuevos objetivos (mal asunto si ya empezamos así), pero hoy he tenido un momento de inspiración, me he sentado en la mesa y me he propuesto no levantarme hasta 1)escribir un post 2)escribir la lista de nuevos propósitos y 3)dejar hechas al menos dos tareas pendientes. Creo que me van a dar las doce de la noche, que le vamos a hacer.

Y es que el cambio de estación que mal me sienta, de verdad. Eso y la vida marujil, no me hago con la fregona por más que lo intento. Echo mucho de menos a mis alumnos, aunque el año pasado por estas fechas los quisiera meter en una galera a remar. Lo sé, es una relación amor odio solo comprendida por otros de mi especie. Echo de menos madrugar para ir a clase, los cafés en la mesa del despacho, las chuletas para no olvidarme todo lo que les tenía que enseñar, los libros, los apuntes, las tutorías y los abordajes en el pasillo ... Echo de menos trabajar y sentirme útil para algo más que tener el baño como un quirófano.

Pero marido, que es un solete y consciente de mis esfuerzos como ama de casa, me ha regalado (previa recomendación) una agenda hipermegabonita para que me de vidilla y me ponga en marcha mientras que espero una llamada que no se si va a llegar. Creo que a él tampoco le gusta verme todo el día limpiando azulejos o pasando la mopa, porque de alguna manera sabe que siempre le acaba tocando ayudarme. 

Agenda Mr Wonderful 2014-2015
Y aquí la tengo, aún sin estrenar. Es tan genial que me da pena escribir en ella. Diseñada por Mr. Wonderful cada página es mejor que la anterior y tiene un montón de pegatinas y secciones para rellenar (sí, parece que vuelvo a tener 6 años, que le vamos a hacer). Que conste que nadie me ha pagado para que le haga promoción a estos señores ni me han regalado la agenda para que hable bien de ella ni nada. Ójala algún día Clarita sea como esas blogueras reconocidas que reciben productos en su casa para contar que les ha parecido en su blog (aprovecho para hacer un llamamiento a Apple por si me quiere meter en su lista de promoción de productos, el que sea).

Bueno, que me voy del tema. Agenda hipermegabonita y llena de buenrollismo para arrancar un curso que parece que no arranca. El otro día mi padre me dijo: me gustó mucho tu blog, una historia entera para contar las cosas que no has hecho y justificarte por ello. Mi padre es un psicólogo de puta madre, y no cobra caro, por si estáis interesados. Pero claro, tiene razón como todos los padres-psicólogos del mundo mundial y me temo que con este post al final estoy haciendo lo mismo. Contaros que tengo una agenda nueva para hacer una lista de propósitos de los cuales, probablemente más de la mitad se queden por el camino. Seis párrafos para una idea simple. Ya. Pero que sepáis que estoy harta de leer gente en blogs, columnas y artículos que no dicen nada, que están mal escritos y que encima cobran por ello (lo sé papá, ya me estoy justificando otra vez). 

Bueno, pues al lío. Objetivos claros, realistas y medibles:
- Dinamizar el blog de Clara. Hacer ese curso pendiente y planificar al menos una entrada a la semana. Para que veáis que lo he puesto en primer lugar.
- Revisar el currículum y actualizarlo con las cosas del último año. Poner en orden los últimos artículos y proyectos. Os aseguro que suena más apasionante de lo que luego es en realidad. Los currículums de los investigadores son algo así como cortarte las venas con galletitas mojadas en leche.
- Llevar una alimentación más sana. Cocinar más y precocinar menos. Comer más pescado y hacer un planning semanal. En esto vamos por el buen camino, o eso creo ...
- Andar una hora al día. Nadar una vez a la semana. Retomar el yoga o el pilates. Un clásico de la lista, que perezón por dios ...
- Hacerme una lista de 100 canciones chulas para el ipod que no me obligue a estar dándole continuamente al botón de siguiente.
- Montarme en avión al menos dos veces.
- Terminar la tesis y ser doctora de una maldita vez. 

Cómo véis, una lista de objetivos amplia que me tiene que durar hasta el final de curso y con temática para todos los gustos y colores. Yo creo que me va a resultar más fácil con mi juguete nuevo. Aunque reconozco que algunos me atraen más que otros, y no hace falta decir cuáles ... ¿Seré capaz con todos? ¿Cuál creéis que se va a quedar por el camino?

Clara Como La Vida Misma

*Para los interesados, la agenda hipermegabonita la compré en un punto de venta oficial de la marca, la tienda Cosas de tt. Os recomiendo que paséis, la dueña es un encanto y además de Mr. Wonderful tiene cosas monísimas. Y sí, esto sigue sin estar patrocinado. Yo como siempre haciendo lo que me da la gana ...

9 de julio de 2014

Clara convaleciente

Dos meses. Nadie cómo yo para batir mi propio récord ¿eh? Hoy no traigo aventura divertida, o sí, según se mire. Os traigo un resumen empaquetado de lo que ha sido mi vida estos últimos meses. Sabéis que me marché al sur a dar clase a una universidad andaluza en la que he estado de lo más a gusto. Un ambiente estupendo, alumnos de todas las formas y pelajes y aunque muchas horas de trabajo, también mucho mucho aire fresco (cómo lo necesitaba). Marido tuvo que quedarse aquí a terminar sus prácticas pero fue a verme todos los fines de semana y aprovechamos para disfrutar de la playa a tope. Yo no sé a vosotros, pero a mi pocas cosas me recargan tanto las pilas como estar tumbada al sol, y cuando ya me siento achicharrada darme un buen baño de agua fría. Y ponerme morena, me pirra la piel playera. Ha sido lo mejor de estos meses lejos de los míos. Pero como lo bueno siempre tiene su fin, la aventura acabó y hubo que venirse a casa, que mi madre dice que echaba de menos discutir conmigo. Yo no echaba de menos sus comidas porque me ha alimentado en la distancia, es la mejor preparando tuppers. Ríete de los masterchef (Jordi deberías llamar a mi madre: para tuppers o para lo que sea, tú llámanos). 

Durante la primera fase de la mudanza tuve un contratiempo con unas cajas y me quedé literalmente tiesa. Menos mal que el sanitario ya tenía título y supo montarme en el coche y hacernos los 350 km de esa mañana. Fue su primer transporte de enfermos con papeles en regla. No puedo ni quiero contaros como fue el viaje. Sobre todo porque me tomé un valium y casi no me acuerdo. Primera parada, recogida título oficial de marido. Desde aquí doy las gracias a las enfermeras que a continuación me atendieron, me dieron de comer, me pincharon sin dolor y aguantaron mis gritos y llantos, porque a nadie más que a mi en esas circunstancias se le ocurre tumbarse en un sofá hecha un siete. A ver luego, quién era el guapo que me levantaba y me montaba en el coche para hacerme los 100 km que quedaban hasta casa. Yo pensé que tenía que quedarme a vivir tres días en el sofá de la enfermera. Pero conseguí emerger de las profundidades de la chaiselonge y aunque monté el espectáculo padre sé que ellos no me lo tienen en cuenta. Y que sepáis que no soy quejica, pero es que un pinzamiento lumbar duele mucho. Bueno, sí soy quejica, pero duele igual. Recuerdo decir que se me iba la vida, la vena dramática que me sale a veces. 

Pero recordáis que la mudanza la dejamos a medias porque me quedé como la Duquesa de Alba. Pues dos días de reposo después cogí madre, hermana y perro de hermana y nos fuimos a vaciar el resto de la casa. Bueno, de tres días, dos lo pasamos en la playa y uno limpiando, pero es que tenía que chantajearlas de alguna manera. Me he mudado nueve veces y ya me cuesta engañarlas ...

Domingo por la tarde. Casa de madre. Mudanza terminada y espalda casi recuperada. Y de pronto noto un ligero escozor en la garganta que no me gusta un pelo. Y que crece según pasan las horas. Lunes, médico diagnóstica faringitis, que no hable y me cuide la garganta. Toma ya. A mi, que no hable. Miércoles suena teléfono de marido, que no firme más la cartilla del paro que empieza a trabajar. Jueves búsqueda de piso y viernes encontramos el tesoro. De verdad, la semana más emocionante de mi vida y estoy casi muda. Y cuando hablo parezco Sabina. Por supuesto no me callo y a este paso la ronquera se me va a quedar crónica.

Así que en cuestión de diez días ya veis, vida nueva, con todo los cambios que conlleva. Lo bueno y lo malo, porque si no lo sabéis tengo mi anterior vida repartida entre un trastero y la casa de la que me dio la vida (y últimamente, la pensión completa) y todo hay que llevarlo a la casa nueva. Será la décima vez que me mueva de un lado a otro y me voy a dar el gusto de que lo hagan unos profesionales, que a mi ya me tocará limpiar y colocar. Espero no moverme en un tiempo, pero a Clarita le va la marcha y desde lejos, le viene el olor a mar ...

Portaos bien, compartid la entrada de Clara que llegue a más gente y el fin de semana os cuento cositas que os van a gustar.

Clara Como La Vida Misma



5 de mayo de 2013

La mamá de Clara

Atardecer del día de la madre, pero nosotras, que somos así de chulas, lo estamos retrasando. Primero por que mi madre no sale de trabajar hasta la hora de la cena. Segundo, por que el 50% de su progenie está en la capital, agotando unas minivacaciones bien merecidas. Tercero, porque nos encanta saltarnos a la torera el calendario de festividades y amoldarlo a nuestro antojo. Mañana nos vamos a desquitar, que pienso hacer un bizcocho de dos colores. Qué dios nos pille confesaos. 

Todas las madres se merecen que todos los días del año le recordemos lo especiales que son. Que les digamos que las queremos y que no podemos vivir sin ellas (aunque a veces parezca que con ellas tampoco). Pero mi madre estos últimos meses se lo merece más que ninguna, que va encajando golpes con risas y mala leche a partes iguales, como tiene que ser en estos casos. 

Hace un par de meses, y como si no tuviéramos suficiente, la despidieron de su trabajo. Con lo que quedábamos el 100% de la población en casa, desempleados. Y eso que el gato no cuenta. Pero ella se lamentaba de que con su edad y su poca experiencia, iba a ser imposible volver al mundo laboral. Cómo no va a pensarlo, si es que nos estáis dejando en la más absoluta ruina. Lo que pasa es que yo en eso, como en casi todo, discrepo con mi madre; ¿poca experiencia laboral? ¿problemas de edad? ¿no volver a trabajar nunca? Y me prometí demostrarle que no podemos rendirnos por muchos golpes que nos den y que el que busca y rebusca, al final encuentra. 

Y encontramos una empresa con predisposición a contratar a gente de cierta edad y con una amplia experiencia vital. Pensamos en mandar el currículum sin más, pero yo insistía que en ese recuento de títulos y cursos no se reflejaba ni de lejos lo que de verdad es mi madre, y con su guía, y mi ayuda, escribimos esta carta de presentación:

"Mi nombre es (me ha hecho quitarlo, dice que no soportaría el peso de la fama y de tener una hija tan mundialmente conocida) y tengo 53 años. Soy auxiliar administrativo y durante los últimos 7 años he trabajado en una asesoría jurídico laboral, hasta que la crisis me ha dejado en el paro. Mis titulaciones dicen que soy Administrativo FPII y tengo diversa formación relacionada con la empresa, la contabilidad y la atención al cliente.

Pero mi verdadera profesión desde hace 30 años ha sido ser MADRE. En este ámbito sí que he acumulado experiencia de calidad. Tengo dos hijas de 30 y 26 años y para ellas he sido niñera, enfermera, cocinera y modista. En casa me encargaba de la limpieza y gestionaba la economía familiar. También me desarrollé como profesora particular y ayudante de deberes, psicóloga y consoladora de emociones cuando lo han necesitado. Cuándo han ido creciendo me he convertido en auxiliar de transporte, técnico de mudanzas, asesora de decoración, profesora de cocina y costura. He realizado servicios de acompañante y viaje y servicios especiales del tipo mamácomoselimpiaestamanchaqueamínomesale o porfavorhazme croquetasquesolomegustanlastuyas. Gané el premio “Mejor Croqueta 2011”. 

Su empresa me parece una iniciativa estupenda para que gente de mi edad tenga una nueva oportunidad laboral. Adjunto mi CV y las referencias de mis hijas, mis mejores clientes desde 1983 (Clara y hermana de Clara). Quedo a su disposición por si quieren hacerme una entrevista."

Todas esas cosas es mi madre. Y alguna más que seguro que se nos olvidó al escribir la carta. A veces no valoramos todos los roles y esfuerzos que tienen que hacer nuestras madres con nosotros, y que no dejan de lado por muchos años que tengamos. Es más, algunas llegadas a los 30, las necesitamos más que nunca. Discuto con mi madre todos los días unas 40 veces. A veces jugamos a ver quién de las dos grita más alto. Pero me río 80 veces más, y sé que pase lo que pase, ella siempre estará ahí y que me va a apoyar siempre. Y me frotará la espalda cuándo tenga que reconfortarme (es la única que sabe hacerlo efectivo, a veces creo que es magia). Te queremos mucho mamá, y estamos tremendamente orgullosas de ti, aunque no siempre te lo digamos, pero necesitamos que todos los días te acuerdes de ello. 

Por cierto, por si no lo imaginabais, tardaron apenas un mes en llamar a mi madre de esa empresa, y ese mismo día la metieron en plantilla. Supieron ver el valor que tiene, y por eso hoy no podemos celebrar el día de la madre con ella. Pero para cuándo llegues a casa, cansada y satisfecha a partes iguales, este es mi regalo del día de la madre. Te quiero mucho mari, mañana te hago bizcocho de ese que te gusta y te hace tener ardores hasta final de la semana.

11 de noviembre de 2010

Desde el otro lado

Mi cuerpo va con retraso. Exactamente dos horas delayed. Y es que la hiperactividad que experimento en estas últimas semanas me está afectando el ritmo vital. Estoy haciendo terapia de sillón mientras mi marido prepara el regalo de cuarto mesiversario. Ha decido que hoy toca menú nupcial y doy fe de que se lo está currando, porque lo he visto pasar con un montón de bolsas a la cocina (ahora mismo territorio comanche) y de lejos podía ver la bandejita de jamón y lomo, los langostinos y alguna delicatessen más. Se lo está currando tanto, que me están entrando ganas de plantarme mi traje de novia, por aquello de darle realismo a la cosa, pero me da a mi que no cuela.

Me voy del tema, yo os contaba lo del retraso. El caso es que yo me meto en la cama a la medianoche justita, y no es hasta un par de horas después cuando me vence el sueño. Por la mañana no quiero ni contaros como me despierto, con 5 horas de relax pal cuerpo ... No soy persona hasta las 9, la hora del desayuno reconstituyente, o sea, 2 horas después de que suene el despertador. Anoche, dando vueltas en la cama, pensaba: "Joder, ya podía tener el sueño de esta mañana y caer rendida, que me he levantado y casi le digo al del bar que el café, en vez de en la taza, me lo tirara a la cara a ver si me despejaba". Y lo peor es que este maldito ciclo se repite todos los días y me está agotando las neuronas.

Gracias a dios, y por el bien de mis alumnos, ellos tienen clase cuando mi reloj interno y el oficial están sincronizados. Habéis escuchado bien, mis alumnos. Porque sí señores, ya me estrené como profesora de pleno derecho en la Universidad y me paseo por los pasillos con mi botella de agua y mis notas de clase, saludo a aquellos que un día me enseñaron a mi, recojo llaves, abro aulas, enciendo proyectores, firmo partes de asistencia, y hago todas esas cosas que hacen los mayores.

Me hace mucha ilusión, y lo estoy disfrutando mucho. Es verdad que ahora lo veo con un poco más de perspectiva, y tengo que reconocer que los primeros días no fueron fáciles. Pero bueno, nadie nace sabiendo ¿no? y a base de practicar mucho, aprenderé. Porque es duro, muy duro, mucho más de lo que pensamos cuando somos alumnos, cuando no respetamos a quien tenemos delante y lo vemos como alguien que siempre estuvo ahí, que todo tiene que saberlo y que ni siente ni padece.

Ahora valoro mucho a todos los que se atrevieron a ponerse delante nuestra, una masa incontrolable de jóvenes recién horneados ávidos de aprender algunos, de pasar el tiempo otros. Admiro a los que se atrevieron a enseñarnos, y admiro mucho más a aquellos que lo consiguieron. Qué difícil es, no sabéis el mérito que tienen.

El otro día mandaba a callar a dos chicas. No sabía lo que desconcentraba un murmullo hasta que no lo he sufrido en mis propias carnes. Intentaba recordar todo el temario sin mirar la chuleta, decirlo de manera que se entendiera, relacionar conceptos, hablar claro, no olvidarme pasar la diapositiva y controlar al resto de la clase. Ahm, y no olvidarme de respirar y esas cosas básicas de la vida. Y cuando era la tercera vez que les ordenaba silencio, me fijé dónde estaban sentadas. Tercera fila empezando por delante, derecha, tercer y cuarto asiento. ¿Te suena amiga? El mismo sitio desde el que tú y yo, hace poco menos que una década nos contábamos nuestras vidas, el plan del fin de semana y disertaciones varias que creíamos cuestión de estado.

No saben que yo ya he pasado por allí, que no hace tanto tiempo era una de ellos, y que cuento con la ventaja de haber vivido en las mismas aulas, la misma gente, solo que en momentos diferentes. Me gusta dar clase. Me gustan los alumnos, y me gustaría poder enseñarles y aconsejarles bien. Lo que les depara esta profesión que han elegido, qué se van a encontrar por el camino. Aquello que realmente aprovecharán de verdad, lo que pueden guardar en un cajón. Dónde encontrarán los fracasos en su viaje y dónde tienen que buscar los éxitos. Pero se que no me harán caso, como nosotras no lo hicimos a quienes lo intentaron en su día. De todas maneras, espero poder seguir intentándolo mucho tiempo. Como diría mi compañera de clase: "Amiga, definitivamente te has pasado al otro lado". Lo hice, sí. Me encanta. Y que dure muchos años.

3 de diciembre de 2009

Qué frío

Por fin llueve. Qué ganas tenía de que el invierno diera la cara de una vez. Aunque no pueda salir de casa, porque mi armario no está adaptado al clima y ahora mismo no tengo ni tiempo (ni dinero) para ir de compras. Aunque la ropa sucia se amontone en el cesto porque sé que no se va a secar en días. Aunque cualquier extremidad de mi cuerpo que sale del brasero se me quede congelada ipso facto ... aunque el invierno sea duro, frío y esté mojado, ¡me encanta!

Y justo desde el brasero ultimo los preparativos para convertirme en una investigadora suficientemente preparada, ensayo mi defensa y arreglo becas y solicitudes (próximo destino Tenerife). Ya quedan muy pocos días para que todo esto pase y pueda centrarme en lo que ocupará mi vida los próximos 3 años: mi tesis doctoral. Luego seré una reputada doctora en comunicación y aunque no podré recetaros nada deberéis dirigiros a mi como la Dra. Como la Vida Misma. Suena genial.

Alguien me dice además que debería ir mirando preparativos para la boda ... Ummmh ... es pronto aún ¿no? Quedan por lo menos 6 meses. Tengo que reconocer que es mucho más divertido organizar las bodas de los demás, aconsejar y proponer ideas, que montar la tuya propia. Pero entenderlo, desde fuera se ve genial, pero la que tiene que enfundarse en un maravilloso traje blanco, la que será el centro de atención y tendrá que soportar la evaluación de todo el mundo, pues seré yo. Y que queréis que os diga, me da un poco de miedito. Que son más de 200 personas, que te miran, que opinan, a la que les tenemos que dar de comer!! y luego pagarlo todo claro ... ains ...

Esta noche mi sueño era sobre eso. Otro día os hablaré de mi gran vida onírica, lo intensa que es y lo interesante (y desconcertante a veces) que resulta. Mucho más que la real, dónde va a parar. Pero hoy solo os contaré mi sueño de ayer. Me casaba a las 6 de la tarde. Y eran las 5 y media cuando entraba por la puerta de la tienda de novias a comprarme el modelazo ... imaginaros que estrés ... llegaba tarde, el novio no aparecía, faltaban los saquitos de arroz, los regalos ... un desastre total, mi boda era un desastre. Cualquier psicoanalista vería indicios de mi frustración al dejar las cosas para última hora, la inseguridad reflejada a través del vestido, y la ambición de demostrar con los detalles que soy perfectamente capaz de controlarlo todo. Ya. Bueno. Yo creo que es miedo. Simplemente eso. Y que estos sueños van a repetirse los próximos 6 meses con mayor asiduidad, para desgracia de mi tranquilidad nocturna.

Menos mal que he despertado, pero con la sensación de que no me va a dar tiempo de hacerlo todo, por lo que tendré que empezar a organizar. En ellos estoy, os iré informando de mis avances. Aunque adelanto ya una conclusión: todo lo que lleve el atributo de novia, o boda, su precio es multiplicado automáticamente por 3. Pero eso se merece una entrada entera y la tendrá a su debido tiempo.

Disfrutar mientras del frío, de la lluvia, de las noches de brasero en compañía , e iros preparando para la Navidad, Clarita pronto irá poniendo las luces ...

7 de octubre de 2009

Última hora

Lo reconozco, me encanta dejarlo todo para última hora. El gusanillo ese del estrés me pone las pilas, y es verdad que me ayuda a trabajar mejor. Pero también es verdad que corres el riesgo de no calcular bien los tiempos y que te pille el toro. Y yo tengo que asumir que el toro y yo nos vemos las caras con bastante frecuencia.

Porque algunas personas necesitamos trabajar bajo presión, si no, no rendimos al cien por cien. Pero claro, si surgen imprevistos que se suman al horario que tenías pillado por los pelos ... Soy una experta en hacerme horarios. Me pirra abrir el word, entretenerme con tablas, números y gráficos. Ordenar y priorizar y elaborar complejos métodos de trabajo para hacerlo todo dentro del plazo. Luego lo imprimo en brillantes colores y lo meto en un plástico, dejándolo encima de mi mesa bien a la vista. Está todo calculado para que el día X esté el trabajo terminado; es un complejo mapa que ni los gráficos de los bancos; y te deja poco margen. Muy poco margen. Tienes tan poco tiempo y tantas cosas que hacer que no puede surgir nada más. Ilusa, claro que surgirá, y no habrá hueco en tu brillante horario, y tendrás que apuntar con un feo rotulador negro las mil cosas que aparecen y cuando llegue el día X aquello no habrá por donde pillarlo.

Otra cosa que me encanta es calcular el tiempo que tardaré en hacer algo: Para estos gráficos necesito unas tres horas, o sea que si me pongo a las 5 antes de las 9 lo habré terminado y repasado. Aaaaainsss que no, que no. Que cuando te sientes en el ordenador probablemente tardes una hora en instalar la última versión del excel porque la tuya no funciona, otra hora en recordar como se hacían las tablas y los gráficos y otra hora más para colocar esos títulos que nadie sabe porque aparecen justo donde no deberían estar. Cuando hagas los primeros gráficos ya habrán pasado más de las 3 horas calculadas ...

Y sí, reconozco que con este proyecto estoy posponiendo la fecha de finalización indefinidamente, y que ya ha llegado a un punto en el que no veo el día de entrega. Estoy en un túnel publicitario y no veo la luz. Sé que tendría que ponerme las pilas y os juro que lo intento: he calculado los tiempos, hecho mil horarios y otros tantos esquemas de trabajo. Pero ya véis, ahora estoy aquí delante intentado posponer el momento en el que tenga que meterle mano de nuevo y darle el último empujón. Además, acabo de encontrar en la red un software de gestión de proyectos genial, y calculo que tardaré solo 40 minutos en instalarlo. O sea que si me pongo ahora...

7 de julio de 2009

Cursos de verano vs. Ikea

Ayer estuvimos en Ikea. Domingo de muebles, comida de nombre imposible y mónteselo usted mismo. Me encanta. Pero nunca jamás de los jamases lo hagáis un domingo. Y menos cuando el lunes madrugas. Y mucho menos si ese lunes se inauguran los cursos de verano que organizas. Es la muerte.

Y entono el mea culpa, lo reconozco. Pero tengo mis razones. Resulta que desde hace unas semanas estoy terminando mi proyecto de investigación en publicidad. Lo que implica ordenador, libros, apuntes, folios, rotuladores, post-it y mil cosas para trabajar. Me gusta desperdigarlo todo en la mesa y tenerlo a mano. Me gusta investigar en superficies amplias. Pero lo más amplio que tengo en mi apartamento es la mesa del comedor. Dónde evidentemente comemos. Todos los días saca el trabajo, reparte, localiza, ordena y redacta. Y luego recoge y coloca, y vuelve a empezar. Imposible trabajar a gusto, mis neuronas sufren mucho, pero es lo que hay. Bueno, era lo que había hasta ayer, porque en Ikea compré la mesa de mi vida. Amplia no, ¡enorme!, blanca y de cristal, con silla de piel a juego. Oferta de la web, amor a primera vista, solo hasta el domingo. Y una vez localizada ya no fui capaz de trabajar en ningún sitio más, no supe hacerlo. No me imaginaba a mí misma en otra silla, en otra mesa (y menos en la del salón). Así que me planté con mi futuro y mi madre en Castilleja de la Cuesta.

Los primeros en llegar, no nos fueran a quitar la mesa y dejara el proyecto a medias, que yo os juro que si no es en mi mesa nueva, no soy capaz de redactarlo. Desayuno 1 euro; primera vuelta con compra correspondiente; perrito y coca cola 1 euro; segunda vuelta y paso por caja; comida (adoro las albóndigas y los postres suecos) y última vuelta. Esta ya de cortesía, porque para salir del restaurante es necesario atravesar todo el almacén, así bajamos la comida. Yo creo que además está todo calculado, porque siempre acabamos pasando por caja la tercera vez. No sé como hay cosas que son imprescindibles y que no veo en la primera batida (a mi me da que las van sacando según nos ven entrar por las secciones, se me debe notar la adicción Ikea).

Por si fuera poco, visita a Decathlon y tiendas varias, porque ya que estamos … a mi novio le da como cargo de conciencia hacer más de 200 kilómetros y gastar menos de 200 euros, dice que no le cunde. Para rematar llega a casa y monta la mesa sí o sí, y coloca todas las cosas que has comprado, que no necesitabas pero que eran monísimas e hiperbaratas, y ahora no sabes dónde ponerlas.

Y esta mañana levántate a las 7 para estar monísima de la muerte, despejada y simpática, rematar los flecos que han quedado sueltos y aguantar estoicamente las dos conferencias de la mañana. Ni he ido a casa a comer, hoy me toca jornada intensiva. Y mañana más, con presentación de ponentes incluida …

Estoy agotada, mi cuerpo ahora mismo solo procesa café, si es en vena mejor. Y ni siquiera se a que hora saldré de aquí. Deseando estoy que llegue la hora y pueda repartir el millón de folios encima de mi nueva adquisición, tan blanquita y tan grande. Entonces valoraré si ha merecido la pena este lunes infernal.