23 de junio de 2012

Primera semana en México

A petición popular, continuo con las crónicas mexicanas para contaros las aventuras de Clara en México, para algunos rebautizada como Dora, la exploradora. Ayer hizo una semana Clara/Dora llegó, y ¡POR FIN! anoche mi cuerpo se acostumbró al horario latino. Sigo durmiendo mal, pero porque la maldita nevera se enciende y apaga cada media hora, y yo que me desvelo con el vuelo de una mosca, imaginaros con el vuelo de una nevera ... Lo genial es que no necesito despertador, tengo una ventana en el techo de lo más bonita y de lo más cabrona, a las 6 de la mañana se hace de día y ya no hay quien cierre la pestaña...

El martes conocí la Universidad y a los compañeros. Es un centro de investigación que está apenas a 15 minutos de mi casa. Un chalet de estilo colonial todo de madera que es una preciosidad, por dentro y por fuera. La acogida fue muy buena, todos muy amables e interesados en mi trabajo, aunque los días siguientes ya por allí no ha aparecido demasiada gente. Son las evaluaciones finales y las vacaciones están a la vuelta de la esquina, así que imagino que ese será el motivo de la ausencia. Tengo un despacho compartido con más gente, aunque no se quiénes son esa gente, porque nunca hay nadie... lo mejor de todo es que allí me llaman Doctora M., y por más que digo que aún no soy doctora, no hay quien les quite eso de la cabeza. El chico de administración parece que se ha enterado y ha cambiado el trato, ahora soy Licenciada M. Verídico como la vida misma...

Al resto de la vida me he adaptado bien. Como en casa o en un restaurante de aquí en frente de buena pinta y con buen precio. El otro día me comí unos tacos por 2,8 € y ayer un menú de 3 platos por 3,6€. Lo malo es que le pregunté al camarero, si el plato picaba y me dijo que no ... maldito pendejo, cuando vi la salsa roja en la que venía la carne supe desde lejos que me iba a arder la vida entera ... Consejo: cuando un mexicano dice que algo no pica, ni caso, pica, y mucho. A eso, le unimos que me quedé dormida después de comer unas horas ... cuando desperté era un dragón, ¡¡podría haber encendido cigarros con mi aliento!!

Hoy sábado por la mañana he salido de tour turístico: zapatilla, botella de agua y cámara en la mochila, a lo Dora, como me llama mi hermana. Había planificado estar al menos 4 horas fuera de casa y he estado 1h y cuarto ... es lo peor de estar sola, que no te recreas en las cosas ... he estado en el parque Juárez, en la pinacoteca, en los lagos, en el ágora de la ciudad, en la oficina de turismo, otra vez en el parque, en la catedral y en dos grandes almacenes ... Y ahora de vuelta a casa con un calor inmenso, aunque es cuestión de tiempo que se ponga a llover. Estoy en no sé qué bosque templado y con una tormenta tropical encima, eso hace que a partir de las 3 de la tarde todos los días caiga el diluvio universal, pero de momento me gusta mucho el clima y ver llover desde mi salón.

Poco más que contaros, mi vida es tranquila, y me encuentro en periodo de adaptación, aunque casi superado. Echo de menos algunas cosas que aquí no tengo, como mis cosas de baño, fue mala idea dejar allí mis cremitas pensando que aquí todo sería de coco y mango... Es lo que más me está costando, comprar cosas de cosmética. El primer día que fui al supermercado casi lloro por no encontrar el gel de baño. Quiero pensar que en realidad se me juntaron los nervios, el estrés y el cansancio, pero tuve que pararme a respirar porque no encontraba un maldito bote de gel en ninguno de los malditos pasillos del super. Ya lo conseguí, aunque no me gusta como huele nada de nada, pero ahora estoy centrada en comprarme un buen champú, con olor a coco. Del tónico y el jabón para la cara, ni hablamos, son palabras mayores y creo que necesitaré algunas semanas para conseguir algo en condiciones. Mi marido en la maleta, en vez de traerme lomo, jamón y croquetas ¡¡va a tener que traerme cosmética deliplus!!

18 de junio de 2012

En tierras mexicanas

Primeras aventuras en mexicolandia. Ya sabréis que he llegado bien, y que ya estoy medio instalada. El vuelo horrible, aunque conseguí que me sentaran en salida de emergencia, para poder estirar las piernas, los vuelos están pensados para no regalarte más espacio del que pagas, fui más larga, ¡¡PERO MÁS ESTRECHA!! Me vine con los botones laterales del volumen de la tv tatuados en la cadera. Las últimas 3 horitas no se las deseo a nadie. Eso sí, no se cayó el avión por el camino, como me temía. Venían con nosotros un cura y dos monjas, llevaba triple protección.

La familia me ha acogido como si fuera una hija más, se están portando muy bien, ya los he conocido a casi todos. La verdad es que parece que llevara toda la vida aquí, me siento muy a gusto. Hoy visitamos unas pirámides impresionantes, he subido las fotos al facebook para que las veáis. No pude subir hasta arriba del todo porque los escalones eran altos y estrechos, y la altitud no me dejaba respirar bien, casi 2000m. Bueno, por eso y porque estaba alto de cojones que diríamos en España. Me quedé a la mitad, que también es un buen cachito (papá, hicimos fotos para que quedara una prueba y veas hasta donde llegué).

Mañana me marcho a Xalapa a instalarme en mi casa, y la verdad es que estoy tan a gustito aquí que no tengo ni ganas, pero seguro que aquello es igual de bonito que esto, o más. Una cosa, la comida que vende en España como mejicana, es un fraude. No has probado un taco, hasta que no lo has comido aquí. Impresionante, no digo más.

Quiero agradeceros a todos vuestros mensajes de cariño y ánimo, el estar tan pendiente de mi y todos los consejos y buenos deseos. Hay much@s en la lista de gente a la que quiero dar las gracias, y ojalá pudiera hacerlo uno por uno, pero no me da tiempo a todo. En cuanto esté instalada en mi nueva casa, os sigo contando aventuras. ahora os dejo con una de las primeras fotos que he tomado en esta maravillosa tierra. Un abrazo a tod@s


Teotihuacán. Vistas de la Pirámide de la Luna, desde la Pirámide del Sol. Más o menos, a media altura.

11 de noviembre de 2010

Desde el otro lado

Mi cuerpo va con retraso. Exactamente dos horas delayed. Y es que la hiperactividad que experimento en estas últimas semanas me está afectando el ritmo vital. Estoy haciendo terapia de sillón mientras mi marido prepara el regalo de cuarto mesiversario. Ha decido que hoy toca menú nupcial y doy fe de que se lo está currando, porque lo he visto pasar con un montón de bolsas a la cocina (ahora mismo territorio comanche) y de lejos podía ver la bandejita de jamón y lomo, los langostinos y alguna delicatessen más. Se lo está currando tanto, que me están entrando ganas de plantarme mi traje de novia, por aquello de darle realismo a la cosa, pero me da a mi que no cuela.

Me voy del tema, yo os contaba lo del retraso. El caso es que yo me meto en la cama a la medianoche justita, y no es hasta un par de horas después cuando me vence el sueño. Por la mañana no quiero ni contaros como me despierto, con 5 horas de relax pal cuerpo ... No soy persona hasta las 9, la hora del desayuno reconstituyente, o sea, 2 horas después de que suene el despertador. Anoche, dando vueltas en la cama, pensaba: "Joder, ya podía tener el sueño de esta mañana y caer rendida, que me he levantado y casi le digo al del bar que el café, en vez de en la taza, me lo tirara a la cara a ver si me despejaba". Y lo peor es que este maldito ciclo se repite todos los días y me está agotando las neuronas.

Gracias a dios, y por el bien de mis alumnos, ellos tienen clase cuando mi reloj interno y el oficial están sincronizados. Habéis escuchado bien, mis alumnos. Porque sí señores, ya me estrené como profesora de pleno derecho en la Universidad y me paseo por los pasillos con mi botella de agua y mis notas de clase, saludo a aquellos que un día me enseñaron a mi, recojo llaves, abro aulas, enciendo proyectores, firmo partes de asistencia, y hago todas esas cosas que hacen los mayores.

Me hace mucha ilusión, y lo estoy disfrutando mucho. Es verdad que ahora lo veo con un poco más de perspectiva, y tengo que reconocer que los primeros días no fueron fáciles. Pero bueno, nadie nace sabiendo ¿no? y a base de practicar mucho, aprenderé. Porque es duro, muy duro, mucho más de lo que pensamos cuando somos alumnos, cuando no respetamos a quien tenemos delante y lo vemos como alguien que siempre estuvo ahí, que todo tiene que saberlo y que ni siente ni padece.

Ahora valoro mucho a todos los que se atrevieron a ponerse delante nuestra, una masa incontrolable de jóvenes recién horneados ávidos de aprender algunos, de pasar el tiempo otros. Admiro a los que se atrevieron a enseñarnos, y admiro mucho más a aquellos que lo consiguieron. Qué difícil es, no sabéis el mérito que tienen.

El otro día mandaba a callar a dos chicas. No sabía lo que desconcentraba un murmullo hasta que no lo he sufrido en mis propias carnes. Intentaba recordar todo el temario sin mirar la chuleta, decirlo de manera que se entendiera, relacionar conceptos, hablar claro, no olvidarme pasar la diapositiva y controlar al resto de la clase. Ahm, y no olvidarme de respirar y esas cosas básicas de la vida. Y cuando era la tercera vez que les ordenaba silencio, me fijé dónde estaban sentadas. Tercera fila empezando por delante, derecha, tercer y cuarto asiento. ¿Te suena amiga? El mismo sitio desde el que tú y yo, hace poco menos que una década nos contábamos nuestras vidas, el plan del fin de semana y disertaciones varias que creíamos cuestión de estado.

No saben que yo ya he pasado por allí, que no hace tanto tiempo era una de ellos, y que cuento con la ventaja de haber vivido en las mismas aulas, la misma gente, solo que en momentos diferentes. Me gusta dar clase. Me gustan los alumnos, y me gustaría poder enseñarles y aconsejarles bien. Lo que les depara esta profesión que han elegido, qué se van a encontrar por el camino. Aquello que realmente aprovecharán de verdad, lo que pueden guardar en un cajón. Dónde encontrarán los fracasos en su viaje y dónde tienen que buscar los éxitos. Pero se que no me harán caso, como nosotras no lo hicimos a quienes lo intentaron en su día. De todas maneras, espero poder seguir intentándolo mucho tiempo. Como diría mi compañera de clase: "Amiga, definitivamente te has pasado al otro lado". Lo hice, sí. Me encanta. Y que dure muchos años.