12 de enero de 2010

Emociones blancas


No se habla de otra cosa. Ayer los teléfonos no paraban de sonar. Todos, incluidos los más pequeños, salían a la calle para disfrutar de la nevada. Los periódicos y telediarios nos cuentan la crónica desde esta mañana. Hacía 27 años que no vivíamos algo igual, o al menos parecido.

Y sé que son exactamente 27 años (a falta de un mes exacto) porque llevo escuchándolo desde que tengo uso de razón: "el día que tú naciste, nos levantamos con un manto blanco cubriéndolo todo, hacía un frío increíble y había nevado en la ciudad, fue la última vez". Y con esa sentencia: "el día que tú naciste, nevó por última vez" he crecido toda mi vida. Con cierto sentido de culpa, como si por mi llegada a este mundo la nieve nos hubiera abandonado. Con la creciente esperanza de que a modo de regalo de cumpleaños la estampa volviera a repetirse. Con nostalgia de un día que se vivió intensamente, que no recuerdo, pero que todos los que me quieren tienen muy presente.

Ayer, poco menos de un mes para la fecha, como anticipo de regalo de cumpleaños, el teléfono me sacó de la cama a trompicones, camino de la casa de campo de la familia. Increíble paisaje durante casi 50 kilómetros. Cada cruce una sorpresa, casa sitio reconocible un suspiro, cada curva una foto, ansiosas mi hermana y yo de inmortalizarlo todo. Pero si el viaje fue emocionante, resbalones en el hielo incluidos, el llegar al sitio que te ha visto crecer, y encontrarlo todo blanco, no tiene palabras.

Espectacular. Inmaculado. Precioso. El porche de la casa impresionante, resguardado por mi padre, en guardia para que nadie pisara la nieve virgen y pudiéramos disfrutarla. No paramos de reír, de saltar, de gritar, de hacer mil fotos. Encantados si nos quedábamos aislados y no hubiéramos podido volver a casa. Encantados de que el temporal nos diera la oportunidad de disfrutar de unas horas más de la nieve. Encantados por poder vivir esta experiencia y volver a ser niños de nuevo.

No cambiaría por nada el día de ayer. Ya veis que cosas, con que poco me conformo. Un poquito de nieve. La ilusión de mi padre por que llegáramos a tiempo, las lágrimas incontenibles de mi hermana, la emoción de mi madre transmitiéndome la nevada en la ciudad minuto a minuto. Incluso los instantes más difíciles en los que no podíamos sacar el coche de la nieve, incluso ahí, estuve disfrutando como una niña. Estos son los momentos que merecen la pena, los que te quedan sin aliento y te hacen mantener en la memoria años y años. Ahora entiendo porque las circunstancias de mi nacimiento son tan recordadas. Ahora sé que este domingo del mes de enero no se me olvidará en la vida. Y ahora tendremos que decir: "cuando tú naciste nevó en la ciudad ... y ya no volvió a hacerlo hasta el año que te casaste ...".

17 de diciembre de 2009

Terremotooooooo

Anoche tuve la tercera experiencia de mi vida con un terremoto. Y en ventitantos años, yo creo que es una buena marca ¿no? Llegaba a casa después de la cena de navidad del trabajo, y no venía yo tan perjudicada como para que temblara la tierra bajo mis pies.

Me encontraba en pleno proceso de desmaquillaje, sentada encima de la cama, cuando de pronto he notado un ligero movimiento en el colchón, y he pensado en alto: "joer, la gata se ha subido a la cama y como la está moviendo". En ese mismo momento, unos peces de cristal que tenemos en una pecera en la estantería del salón han empezado a chocar entre ellos, y mi novio ha pensado (también en alto): "eso es la gata, que le ha dado un golpe a la estantería". Si tenemos en cuenta que mi gata no pesa más de kilo y medio, que abulta apenas como una caja de leche y sobre todo, que en esos momentos nos miraba seria e impasible (y tumbada) desde la descalzadora, era imposible que tuviera ella la culpa. Y en ese momento nos hemos mirado y hemos sido conscientes de la situación.

Mi futuro esposo, valiente como él solo, ha ido a inspeccionar el salón, y claro, él, de pie, no estaba notando el temblor. Yo en la cama, como la niña del exorcista, pues como que era más consciente del movimiento. Dice que al ver la estantería en pleno baile, le ha impresionado mucho. Y ha vuelto al dormitorio, pero con temblor de piernas. Es un sol, a mi no me ha dicho nada y yo he seguido tan normal. Pero como la cosa no paraba, y los 30 segundos se nos estaban haciendo un poco interminables, me ha dado por pensar en que igual así de tranquilos no podíamos estar.

¿¿Qué hacemos cari?? Pues lo primero vestirte bonita, que llegas a casa, te empelotas para meterte en la cama y claro, el día que te encuentres en una tesitura de este calibre, que mínimo que tengas el albornoz a mano ... que no es plan de que cunda el pánico y tú andes como dios te trajo al mundo escaleras abajo.

Pero no ha hecho falta ni albornoz, ni escaleras, ni nada. El temblor ha pasado, hemos estado un ratito esperando y tengo que reconocer que apenas 10 minutos más tarde ya estábamos dormidos. Que con terremoto o sin terremoto eran las 3 de la madrugada y el cansancio nos invadía. Pero esta mañana lo primero que he hecho ha sido leer las noticias, para cerciorarme de que había sido real. Y lo ha sido sí, aunque muchos ya sé que no os habéis dado ni cuenta ...

16 de diciembre de 2009

Navidad, dulce Navidad

Parece que al final el hombre del tiempo me ha hecho caso, y tanto pedir que llegara el frío, nos hemos levantado esta semana con temperaturas bajo cero... I´m sorry, yo no quería llegar a estos extremos.

Y con el frío llega de la mano la Navidad, dulce Navidad. Dulce sí, para quien las pasa tranquilas. Porque la Navidad para algunos es un quebradero de cabeza, y un correr de un lado a otro. Y eso que son mis últimas navidades de soltera, que no sé yo si el matrimonio el año que viene me traerá obligaciones también en estas fechas.

Para empezar estaré indigesta hasta el 20 de enero. A las comidas con los compañeros, amigos y familia, las fechas claves, unirle las navidades alternativas que acabamos celebrando. Porque hay una nochebuena con mamá, y una con papá, y luego otra con los abuelos. Que no me malinterpretéis, si me encanta, pero tanto langostino me da un poco de acidez. Nos tomamos las uvas dos veces, una el 31 (este año me las tomo con Belén y J. Javier vamos) y otra en otro día indeterminado, serpentinas incluidas. Y desde el 4 de enero estamos comiendo roscón hasta para el aperitivo. Desafortunadamente un año descubrí que el día 7 de enero los roscones que sobraban los vendían a precio de saldo, y desde entonces tengo la costumbre de comprarlos de todos los colores y sabores. Lo que yo so digo, indigesta hasta el 20 de enero mínimo.

Pero no todo son pegas. Os he dicho mil veces que tener una familia desestructurada (pero bien avenida) tiene sus ventajas, y en estas fechas también. Si bien los primeros días de Navidad se nos hacen un poco más raros, todo cambia el día de Reyes. Lo siento progenitores, pero tener padres divorciados cuando hay regalos de por medio, ¡es genial! Os prometo que ese día acabamos muertos ... Nos levantamos sobre las 6 de la mañana con ansia infantil: regalos en casita. Desayuno y roscón en casa de mamá: regalos. Desayuno y roscón en casa de papá: regalos. Visita a casa de la tía: regalitos. Reunión macrofamiliar en casa de los abuelos y aperitivo: ¡¡más regalos!! Comida multitudinaria y visita a la familia del pueblo: regalos. Volvemos a casa tan cargados que a veces he pensado que si nos para la guardia civil nos detiene por haber atracado carrefour.

A última hora de la noche coloco todo encima de mi cama, algo que llevo haciendo desde que me alcanza la mente, y disfruto de todos los regalos. Miro despacio cada cosa y pienso que haré con ella, donde voy a ubicarla. El día de Reyes está colocado justo al final de la Navidad para que los que tenemos un sabor agridulce estas fechas podamos sobrevivirlas pensando solo en el final. Es materialista, egoísta y mi padre sentenciaría, con esa alma de psicólogo que ahora tiene más que nunca, que probablemente se base en el consumismo que hemos desarrollado, algo relacionado con recuerdos infantiles subyacentes y alguna carencia emocional. Él es así. Me da igual, en serio. Analiza lo que quieras, pero sigue comprándonos mil cositas para que resolvamos nuestros problemas emocionales ... ¡Dulce Día de Reyes!